Esta energía renovable tiene el viento a favor por la normativa para ser clave hacia un transporte por carretera más sostenible, aunque le queda trecho por recorrer para ser ya una opción.
Hay numerosas iniciativas para promover el hidrógeno como energía renovable para la automoción. Es más, el hidrógeno tiene el viento a favor tanto de la normativa europea como de la española para ser clave en la evolución verde del transporte por carretera. No obstante, le queda trecho que recorrer, sobre todo para convertirse ya en una opción para los vehículos pesados.

A diferencia del vehículo eléctrico, que llega a necesitar tres o cuatro horas para cargarse, “el hidrógeno es muy similar al diésel en cuestión de autonomía y de repostaje”, señala Eugenia Sillero, secretaria general de Gasnam, a Transporte XXI. Esta experta es una de las ponentes que ha participado este jueves en la jornada “El hidrógeno para la Automoción”, organizada por la STA (Sociedad de Técnicos de Automoción) en Sant Boi de Llobregat (Barcelona).
El ‘pero’ para que el hidrógeno se convierta en un combustible viable para el transporte no es baladí: “Falta oferta comercial de verdad de vehículos pesados” más allá de prototipos, a diferencia de lo que está pasando con autobuses y vehículos ligeros. La buena noticia es que “los principales fabricantes están desarrollando proyectos y esperamos que haya una oferta amplia antes de 2030”, confía la experta.
Una de las barreras para el desarrollo del hidrógeno para la automoción no es diferente a los hándicaps del vehículo eléctrico, que no otra que “la falta de infraestructura de recarga”, señala José Manuel Barrios, presidente de la STA. Un segundo reto es “disponer de un mayor abanico de tecnologías en el mercado” y un tercero es que “el usuario entienda los beneficios que puede obtener de esta tecnología, que es lo que pretendemos al organizar este tipo de jornadas”, añade. Para José María Ariño, responsable de Mantenimiento de Infraestructuras y Nuevos Proyectos de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), el hidrógeno es “una tecnología que necesita dinero y tiempo para desarrollarse”.
En cuanto al desarrollo de infraestructura, la última directiva europea, conocida como RED III, que está en fase de transposición a la legislación española, fija el objetivo de una hidrogenera pública cada 200 kilómetros en la Red Transeuropea de Transporte (red TEN -T) o en ciudades dentro de esta red y con una capacidad de suministro de una tonelada de hidrógeno diariamente para 2030.
No hay ninguna de estas características actualmente en España, que debería contar con 78 hidrogeneras para cumplir la norma comunitaria, según el estudio realizado por Gasnam. Al margen de iniciativas como la impulsada por TMB, que cuenta con una estación de hidrógeno de Iberdrola en el polígono de la Zona Franca, España tiene actualmente unas 10 hidrogeneras privadas con una capacidad reducida, siete en construcción y tres para alimentar a carretillas y otra maquinaria de handling, de acuerdo con el recuento de Gasnam.
Aunque se trata de un sector poco maduro, “hay una clara voluntad política en Europa y en España de que los biocombustibles avanzados y los derivados del hidrógeno sean claves para la transformación del sector”, aseguró en su ponencia la directora general de Gasnam, en referencia al objetivo de la Unión Europea de un transporte pesado alimentado por energías renovables.