Opinión  | 

Geopolítica y gobernanza portuaria

Alberto Camarero Orive. Prof. Universidad Politécnica de Madrid

El contexto geopolítico actual plantea retos significativos para la gobernanza del sistema portuario español

El comercio marítimo es el sistema circulatorio de la economía global. Con más del 80% del volumen del comercio internacional moviéndose por mar, cualquier perturbación en las rutas marítimas tiene efectos sistémicos en la economía. El contexto geopolítico actual está generando disrupciones sin precedentes, desde el incremento de aranceles en EE.UU., bajo la doctrina de proteccionismo económico, hasta la inestabilidad en el mar Rojo y el estrecho de Ormuz, que amenaza con encarecer los costes logísticos a escala global.

Este escenario plantea retos significativos para la gobernanza del sistema portuario español, que debe evolucionar ante una realidad cambiante y altamente volátil para responder mejor ante las incertidumbres que se avecinan. La combinación de factores, como la competencia por el control de rutas marítimas, la disrupción de las cadenas de suministro y la pugna entre potencias por la hegemonía naval requieren una visión estratégica en la planificación y operación de nuestros puertos.

La seguridad en las rutas comerciales es cada vez más frágil. Los ataques a buques en el mar Rojo y el golfo de Adén han forzado a muchas navieras a redirigir sus tráficos por el cabo de Buena Esperanza, aumentando el tiempo de tránsito y los costes operativos. Además, la creciente rivalidad entre EE.UU. y China por el dominio del mar de la China Meridional y el control del estrecho de Malaca añade otro nivel de incertidumbre. La nueva política comercial de Trump con la escalada de aranceles está impactando en las cadenas de suministro, afectando a sectores clave como la automoción y la industria tecnológica, produciendo para España y su entorno un aumento de costes y la búsqueda de nuevos mercados alternativos.

España, que cuenta con su red portuaria altamente integrada en el comercio global, se encuentra en posición crítica dentro de estas dinámicas.
La estructura actual del sistema portuario español, bajo la autoridad de Puertos del Estado, ha sido fundamental para el desarrollo económico del país. Sin embargo, el modelo de gobernanza portuaria actual debe evolucionar para adaptarse a los nuevos desafíos geopolíticos y comerciales.

La geopolítica actual está transformando la economía marítima y obliga a replantear la gobernanza del modelo portuario español. La resiliencia logística, la diversificación de mercados, la sostenibilidad y la innovación tecnológica serán claves para afrontar los retos que plantea un mundo cada vez más fragmentado. Para ello es necesario afrontar cambios en la gobernanza portuaria que conlleve un sistema portuario mucho más sólido, interrelacionado, colaborativo, dinámico y eficiente. Urge dotar de mayor autonomía a las Autoridades Portuarias en aquellas actividades cercanas al territorio y la actividad portuaria, que permitan diseñar estrategias adaptadas a su contexto regional y a las características particulares de su mercado.

Por otro lado, es necesario que aumente la coordinación y eficiencia entre Autoridades Portuarias, realizando una agrupación de aquellas que son complementarias, y cuya gestión conjunta mejore la eficiencia global. Es un tema recurrente, pero la situación actual requiere de urgencia en su ejecución.
También será necesario redefinir el papel de Puertos del Estado, ampliando sus competencias en todo lo relacionado con la planificación territorial y estratégica del sistema portuario integrado, que recordemos es de competencia exclusiva del Estado, evitando la competencia interportuaria exagerada con la cesión a las Comunidades Autónomas. Esto no significa que las entidades portuarias no tengan voz en la planificación global, de la que forman parte, pero con una visión global y no local.

Es imprescindible redefinir el papel de Puertos del Estado, orientándolo hacia una función de coordinación estratégica y planificación a largo plazo, en lugar de limitarse a la supervisión burocrática. De este modo, podrá asumir un liderazgo efectivo en la transformación del modelo portuario español, y se abrirán oportunidades para el comercio marítimo español, consolidando su posición como nodo logístico global. Dada la conformación geográfica, no estaría de más una cierta coordinación con Portugal, especialmente con el puerto de Sines, ya que al fin y al cabo la península es una unidad geoestratégica.
No actuar con celeridad y determinación supondría un freno al crecimiento del sector portuario y logístico de España. Ahora más que nunca, una planificación estratégica ambiciosa y una reforma estructural de la gobernanza portuaria son esenciales para garantizar la competitividad de nuestros puertos en las próximas décadas. El momento de actuar es ahora.